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A continuación exponemos una
serie de anécdotas que han pasado a nuestros compañeros galgueros en sus
largas jornadas de caza con sus galgos.
No dudéis en mandarnos
todas aquellas anécdotas, historias o acontecimientos graciosas que
deseéis, a nuestro correo
ohz@latinmail.com y si queréis podéis acompañar el texto con una
foto, siempre y cuando ocupe menos de 300 kb y que las mandéis en
formato jpge.
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Sucedió un día de caza en Ontalba (toledo) estábamos corriendo a la
chiqui y otra perra la carrera estaba bastante igualada la liebre
estaba muy dominada y se metió en un tubo de alcantarilla, la chiqui
a la misma velocidad a la que iba entro tras la liebre, el primero
en llegar a la alcantarilla fue zarin, al ver que la perra no salía
y que hacia bastante calor no se lo pensó , bajo del caballo y se
metió el en el tubo a coger la perra, yo quede sujetando los
caballos, le pregunte si tenia la perra ya que solo se le veian los
pies y no salía, su contestación fue si , pero como no me saquéis
aquí nos quedamos , se habían quedado atrancados en el tubo, otro
compañero lo agarro de los pies y con cuidado tiro de el, poco a
poco fue saliendo y fue como la historia de los predadores primero
sacaron a zarin que a su vez salio agarrando a la chiqui quien a su
vez saco arrastrando a la liebre, la verdad que después del susto
fue muy divertido ver la cadena zarin-chiqui-liebre salir todos
arrastras del tubo.
FÉLIX
MAÑERU |
Estábamos cazando,
mano sobre mano, en una parcela colindante con la valla de la
autovía, en el término municipal de Pollos (Valladolid). Al
acercarnos hacia la valla, una de las perras, que iba suelta
cazando, empezó a correr hacia esta y se tiraba de cabeza contra
la misma. Desde nuestra posición no podíamos ver con claridad
porqué actuaba de esa forma tan extraña la galga. Un compañero
de caza, se acercó, al galope con su caballo, hasta el lugar,
mientras los demás avanzamos a ritmo más lento. Mientras nos
dirigíamos hacia allí observamos que nuestro compañero se bajaba
de su montura. Al llegar, nuestra sorpresa fue mayúscula. Tenía
una liebre en su mano. Según este amigo y compañero, versión que
corroboro otro hombre que estaba viendo esta maniobra desde uno
de los puentes de la autovía, la liebre corría de un lado a otro
del lado interior de la valla hacia la autovía, y la perra hacía
lo mismo por el exterior. La liebre a veces se aproximaba a la
valla y la galga, en cada aproximación, se lanzaba contra la
valla en pos de capturarla. Hasta que en uno de esos envites
hizo presa con ella.
Esta anécdota no
es una carrera bonita, ni que prestigie a la perra, pero creo
que por su rareza y poca habitualidad es digan de ser contada.
JUAN RAMÓN GALVÁN HERNÁNDEZ
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Le paso a mi tío
Tomás.
Estaba cazando con los galgos y ese no era su día, no viendo
ninguna liebre al final de la mañana le entró el apretón a mi
tío. Ató los galgos a un árbol y se bajó los pantalones, los
calzones y al quitarse el gorro lo dejo en el suelo, el gorro
hecho a correr , pues lo había dejado encima de una liebre. Mi
tío se quedo con los pantalones bajados y los galgos locos al
ver el gorro corriendo.
A otro día se
le meo un galgo encima de una liebre.

En la foto vemos a Torrente propiedad de
Gabriel Laiglesia Torres
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Hola amigos esta es
una de las muchas anécdotas que nos pasa en las jornadas de
caza.Nuestro coto está situado en el norte de Madrid. El término no
es el más idóneo para la caza con galgos, ya que los perdederos
están demasiado cerca del corredero, pero es lo que tenemos.
Era una mañana del mes
de Noviembre, empezamos mal levantando liebres largas y de difícil
engalgue, corrimos un par de ellas. Hicimos un alto para almorzar y
ver si cambiaba la suerte.
Con la tripa llena y
más relajados buscamos las liebres más cerca de los perdederos “en
los culos”, para ver si de esta manera podíamos correr todos.
Aún no habíamos formado la mano y desde el camino vemos la liebre “encamá”.
Aquí es donde se produce la principal anécdota del día:
“Mi primo la quiere
levantar con la garrota, pero yo le digo que la deje que es mejor
separarse varios metros hacia atrás y tirarla algo. Insiste en que
no tire la garrota que la liamos, yo no le hago caso y lanzo mi
garrota con la mala suerte que la doy en el lomo. La liebre
desconcertada sale, pero no sube al camino que es donde estaba
esperando la collera, sino que vuelve hacia nosotros buscando el
perdedero.
Mi hermano intenta
cortarla, pero se hace un lío con los perros y cae al suelo. El
traillero suelta la collera para ver si puede engalgar. La liebre se
cuela por debajo de mi hermano y uno de los perros se “topa” con él.
Los otros dos perros que forman la collera llegan a donde está mi
hermano y buscan la liebre debajo de él, se piensan que la ha
cogido. Pero la liebre, con gran destreza, alegremente aprovecha a
coger camino huyendo rápidamente, y dejándonos a todos “cara
tonto”.
Nos echamos la
culpa los unos a los otros, a mi hermano por caerse, a mí por tirar
la garrota y al traillero por estar encima del camino con los perros
y no haber estado abajo en la tierra de barbecho. Al final lo
tomamos a risa y pasamos un buen rato, que remedio, aunque mi primo
me recordó durante toda la mañana “¿Dónde
has visto tirar la garrota a una liebre encamá?, no vés que la
puedes matar…””
ROBERTO GARCÍA |
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Estábamos mi amigo Pedro y Yo, esta pasada temporada, cazando con
dos colleras, nos íbamos a ir pues habíamos corrido tres liebres,
una buena carrera y las otra dos muy cerca de perdedero, y nada, nos
dirigíamos al coche, había una pared muy querenciosa , ya cerca del
coche, la damos y sale una liebre valiente, salen las dos perras
engalgando rápido, una carrera maja(1´35´´) la cogen y vemos que
vienen las dos perras con la liebre en la boca ,las dos juntas,
cuando les sale una liebre de sus pies, salen las dos con la liebre
en la boca corriendo tras la nueva liebre, en esto las perras ven
que la liebre coge ventaja , una de las perras, suelta la liebre, y
sale tras ella, que en una carrera sobre el minuto mata la liebre y
se viene hacia nosotros, fue bonito ver las dos perras traer cada
una su liebre, en cinco minutos nos cambio el día.
Ignacio Domínguez
Chacón |
Hace
dos años
-penúltimo día
de veda- con un
fuerte viento,
estaba yo
cazando en la
Reserva zona
próxima a unas
alamedas- de mi
pueblo con mis
dos galgas
Briega y Lera.
Cazaba en una
tierra gradeada
–con cabones
ásperos- y ya
había corrido
una liebre que
se metió –con
poca carrera- en
unas piedras.
Cansado de pisar
cabones y de que
no saliera la
compañera, en la
última mano y en
el alto salió la
liebre –era la
más negra que
había visto
nunca-. Al
saltar estaba
tan encogida que
creí que no
salía de la
tierra. Después
de unos cuantos
lances, rompió
hacia las
alamedas y me
dije, ¡se acabó
la carrera!.
Después de unos
3 minutos veo a
la liebre por el
camino y a la
Briega detrás
pero sin
llegarle –era la
liebre que más
lejos había
llevado nunca-.
Camino adelante
se encontró la
liebre –de
frente- con otra
cuadrilla que
llevaba los
galgos sueltos.
La liebre hizo
una c –a menos
de 10 metros de
éstos-, y volvió
sobre sus pasos
con los galgos
de refresco y
los dos míos. Yo
con los
prismáticos
maldecía a la
mala suerte de
aquella liebre
que moriría
injustamente.
Pero nada más
lejos, la liebre
esprintó por el
camino de nuevo
hacia las
alamedas y
cuando llegó no
tenía ningún
galgo cerca –les
desengalgó a
todos-. Pero no
quiso meterse en
las alamedas y
volvió –de nuevo
sobre sus pasos-
pasando –otra
vez- por delante
de la cuadrilla
–de los galgos
de refresco-
,¡quienes no
daban crédito a
lo que veían!.
Al final se fue
al mismo
perdedero de las
piedras donde le
esperaba su
pareja.
Comentando lo
sucedido con la
cuadrilla me
comentó que era
la primera vez
que veían algo
semejante y
además que sus
galgos habían
pillado –ese
cazadero- más de
40 liebres. Pero
lo que no se
explicaban es
que sus galgos
no le hubieran
dado ningún
corte y que la
liebre no se
hubieran
refugiado por
segunda vez en
la alameda.
Concluimos que
–posiblemente-
no existiera
ningún galgo
capaz de poder
con ella y nos
sentimos
orgullosos de
tener esa raza
de liebres
capaces de
demostrar que
–en definitiva-
ellas son las
protagonistas de
nuestros campos
zamoranos, tan
duras como
nuestra tierra y
gentes. Muchos
son los que
vienen a probar
sus galgos y no
aprueban porque
cuando los
galgos se acaban
ellas comienzan
su festival.
¡Que siga la
fiesta!
JOSÉ CASQUERO
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Antes de empezar,
quiero dar las gracias a Oscar por invitarnos a cada uno, a que
mediante su Web, podamos compartir las anécdotas que cada uno ha
vivido en sus jornadas de caza.
Mi anécdota empieza a
mediados de noviembre de dos mil tres. Flecha que es como se llama
el galgo de esta historia, contaba con una edad idónea tres años y
medio aproximadamente.
Donde cazo y como en
la mayoría de cotos de por aquí, detrás de una libre se sueltan tres
galgos, dos grandes y uno nuevo, aunque algunas veces son los tres
grandes.
La primera liebre que
Flecha corría en esta jornada no tuvo más trascendencia, apenas duro
doscientos metros.
La segunda liebre que
le soltamos, (había pasado alrededor de hora y media), esta carrera
si tuvo más trascendencia, fue una carrera dura que corrió Flecha
con su padre y una hembra negra. Esta carrera fue poco dominada por
los galgos, y después de más de dos kilómetros la rabona consiguió
meterse en un maíz. Los galgos después de acercarse a la mano,
traían síntomas de la dureza de la carrera, sobre todo Flecha que
era el que más había trabajado. Este se tambaleaba y no se sostenía
de las patas de atrás.
Después de esta
liebre seguimos cazando, y Flecha a los pocos minutos de haber
terminado la carrera daba síntomas de haberse recuperado, seguimos
cazando hasta las dos de la tarde sin levantar ninguna más. Ya
cansada la cuadrilla decidimos dar por terminada la jornada caza,
pero en esos instantes llego un primo que me animo a que me quedara
con el, un rato mas, yo que todavía tenia un galgo sin haber corrido
ninguna liebre, accedí de inmediato.
A las dos y media de
la tarde aproximadamente vimos una liebre en la cama. Decidimos
soltar al galgo que me quedaba por correr, de nombre Pope a un macho
blanco de mi primo, y a Flecha ya que mí compañero de jornada
quería verlo correr.
Levantamos la liebre
de la cama, y cuando se desahogo un poco soltado los galgos. Nada
mas ver para donde había salido la rabona nos indicaba que iba haber
buena carrera ya que esta se había levantado en dirección contraria
al perdedero. Los tres galgos en los primeros compases de carrera la
llegaron alguna vez, pero con mucha dificultad. La carrera se empezó
alargar bastante y las ondulaciones del terreno no nos permitían
verla al completo, hasta que una ondulación más profunda nos privo
durante un buen rato de ver la carrera. Ya pensábamos que la carrera
se habría acabado cuando vimos que los galgos aparecían por un
camino adelante y bastante cerca de donde nos encontrábamos. Flecha
venía en cabeza y presionando bien a la liebre, ¡Bueno mejor dicho!,
como podía; ya que galgos y liebre venían desencajados. Los otros
dos galgos venían algo más atrás. Flecha venia muy descompuesto:
pero todavía tuvo fuerzas para sacar a la liebre del camino, y
entrar en una tierra sembrada, donde los tres galgos casi a la limón
se tiraron a por ella, librándose esta por los pelos. Los galgos
salieron muy tocados de este alcance. En primer lugar ha salió Pope
perdiendo mucha ventaja, detrás el otro macho blanco y por último
después de estar seis o siete segundos tumbado, ¡que ya pensábamos
que no se levantaba!, salió Flecha; andando. La carrera acabo más o
menos a ciento cincuenta metros del último alcance.
Después de una semana
de convalecencia y por suerte Flecha, volvió a levantarse y empezar
a comer.
Mi primo y yo nos
acercamos corriendo; ya que aunque no estábamos muy lejos si habría
quinientos metros, y en principio solo veíamos uno de los tres
galgos en pie. Cuando llegamos nos encontramos con un buen panorama,
los tres perros tirados en la cuneta y la libre entre ellos. Es
difícil describir la situación; pero como tenia en el bolsillo una
cámara de usar y tirar, pude sacar unas fotos mientras los perros se
recuperaban, en las cuales se refleja la dureza de la carrera.
Después de media hora y viendo que estos nos se recuperaban, sobre
todo Flecha, llamamos aun amigo de los que se había marchado a casa,
para que nos viniera a buscar con el coche.
Esta anécdota la he
querido contar, para que sirva constructivamente a la gente joven
que empieza ahora y a los que aun llevando varios años cazando
abusan inconscientemente del los galgos, corriéndolos más liebres
de las debidas. Los galgos a mi parecer y después de haber sufrido
en mis carnes, este episodio y algunos más de otras formas, creo que
deben de correr lo justo y necesario y es mejor que estos se queden
con hambre de liebres que no sobrados, sobre todo aquí en Castilla y
León, donde una sola liebre te puede hacer polvo a un galgo.
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Flecha
extenuado junto a la liebre. Flecha a los pocos días
estaba en perfectas condiciones, según nos contó Adrián, que
además nos adjunto una foto. |
Adrián junto a
sus galgos y a la liebre una vez terminado el agotador
esfuerzo. |
ADRIÁN
ROMERO GONZÁLEZ |
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Estábamos
una mañana un amigo y yo intentando echarle a las perras
una liebre, pero no salía. Cuando decidimos cambiarnos
de sitio mi compañero desde el coche vio una acostada al
pie de un pantano (cazábamos en Balsicas, Murcia) me fui
con el coche para atrás unos pocos metros y bajamos las
dos perras. Echamos la liebre y resultó no ser muy
corredora y solo quería meterse en un bancal de
alcachofas. Las perras la tenían muy domina camino
arriba y camino abajo, yo estaba en la orilla del camino
en el mismo pico del pantano la liebre viéndose perdida
quiso darles esquinazo en el pantano con tan mala suerte
que vino a matarse en mi pierna. Después de estar toda
la mañana sin ver nada, sale y se mata de esa manera.
Nos quedamos los dos helados.
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Esto sucedió hace cuatro años en el coto de Daganzo donde cazamos en
nuestra cuadrilla unos diecisiete compañeros aunque rara vez nos
juntamos todos, pues bien cazo con dos hermanos, uno hace de jefe de
grupo (Oscar) y el otro es un cachondo mental que siempre estáis
gastando bromas (Julián),los dos magníficos chavales y galgueros,
estaríamos unos seis u ocho en mano y el resto mas adelante
descansando una mano esperando que llegáramos a su altura para
incorporarse a la misma, cuando saltó la liebre y mientras todos
mirábamos la carrera, que salió para atrás, nos percatamos Oscar y
yo, que Julián se había adelantado al cacho que nos quedaba por
cazar y me comenta: "alguna está preparando mi hermano" y nos
imaginamos que estaba poniéndonos alguna liebre de las que ya
habíamos matado para reírnos un poco del que la cantara.
Termina la carrera y proseguimos andando y cuando pasamos a la
altura que le habíamos visto hacer "la jugada" me veo la liebre al
salto de una linde muy bien tapada por el pasto y yo por supuesto no
la canto. Avanzamos ocho o diez metros mas y Julián cuando se iba a
incorporar a la mano nos dice vociferando ¡¡¡CEGATOS!!! ¡¡QUE NO LAS
VEIS!!! ¡¡¡NECESITAiS GAFAS!!! y demás improperios que os podéis
figurar, hasta que salté yo y le dije:"joder Juli, es que la has
tapado muy bien..." a lo que el me contesta: "de eso nada ,mírala"
nos dirigimos a ella y efectivamente nos la habíamos dejado,
entonces le digo al que le tocaba soltar que se volviera para atrás
que había otra liebre y nadie, excepto Oscar, daba crédito, por que
no la había cantado antes y me había pasado de ella hasta que se lo
explicamos a todos entre risas.
Luís
Antonio Monasterio |
Mi primera liebre en la cama y mi primer móvil
perdido
Era el último dia
de veda y me dirigía al pueblo de mi amigo José para ver si
podíamos correr unas de esas liebres valientes que hay por allí.
El día empezó mal porque cuando me levante estaba cubierto de
nieve pese a eso me arriesgue y fui todo el camino a 70km/h,
cuando llegue allí estaba limpio el suelo así que comenzamos a
cazar, para empeorar las cosas se nos salió una liebre larga y
en toda la mañana no vimos nada, para rematar el día al saltar
un reguero se me cae el móvil, vuelvo con el de mi amigo y al
llamar al mío se debió caer al agua y no hubo manera de
encontrarle, con el correspondiente cabreo de perder el móvil
con todos los números, seguimos cazando por la tarde sin ver
nada, a ultima hora de la tarde y con el sol casi metido
maneando un barbecho miro a mi derecha y allí estaba mi primera
liebre en la cama, la rodeamos y la arrancamos, hizo una media
luna y después de unos cuantos cortes se metió en el pinar, no
será la mejor liebre que he visto pero se me quedó marcada como
la primera que ví en la cama y me alivió el disgusto de perder
el móvil. Estas son las anécdotas que hacen grande nuestro
deporte.
Marco
Quirce |
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LIEBRE MECÁNICA Y NATURAL
Era el 16 de septiembre y me disponía a ir a entrenar a los galgos
con un invento que había realizado para correr la liebre mecánica.
Así pues nosdirigimos a una tierra con inclinación para poder ver la
carrera, después de unos minutos y de haber preparado el invento me
dirigí con el pellejo de un conejo a unos 600m para empezar la
carrera, cuando todo estuvo preparado corrimos la primera carrera al
terminar esta me dirigí a por el pellejo para correr la segunda, al
volver con el pellejo a la salida miro a mi derecha y por el mismo
sitio que habían corrido los galgos había una liebre nueva en la
cama así que atamos los galgos y la levantamos. Mayúscula fue mi
sorpresa puesto que tenían que haber pasado los galgos por encima de
ella y ni se había
movido. Esto es un ejemplo para los ecologistas que dicen que los
galgueros no respetamos nada porque gracias a mi esa liebre se
salvo, si la hubiese levantado del encame les habría durado 4 cortes
a los perros.
MARCO
QUIRCE |
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Liebre de barro
Esto sucedió hace unos años en una mañana fría, en el coto de mi
pueblo, después de varias horas andando y sin ver ni una sola liebre
las caras de aburrimiento eran patentes, entonces un compañero le
pegó una patada a un terrón que bajó rodando cirate abajo a la vez
que el abuelote de la cuadrilla gritaba ¡hay va la...! y soltaba su
perra negra. Como os podéis imaginar la carcajada fue general
mientras el ataba su perra que por supuesto no engalgo.
Bueno a veces este tipo de cosas también te alegran la mañana cuando
faltan las rabonas.
Ignacio Villar Camino |
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Esto fue hace unos años, cuando mi compañero y yo, los dos únicos
galgueros que cazamos en el coto estábamos comenzando el año. Nos
metimos en una tierra y salto una liebre q como apretaba, era muy
regatona al principio pero enseguida cuando lo veía mal, ponía
tierra de por medio y los galgos ya no la alcanzaban.
Una vez que vinieron los galgos, pues manos a la obra y a seguir
cazando.
Otro día en la misma tierra vimos una en la cama, total que nos hizo
lo mismo, al principio la alcanzaban y luego se ponía dura de
verdad, así q pensamos q se trataría de la misma. Esto nos paso unas
cuantas veces, siempre en la misma tierra y eso. Con lo que
decidimos invitar a unos que tenían buenos perros, de los q
presentaban para el campeonato y eso.
Cuando vino, fuimos de cabeza a la tierra esa y no nos salio nada de
nada. Así que decidimos invitarles otro día con tan buena suerte de
que mi compañero la vio en la cama. El tío de los perros (una perra
blanca y una negra) se puso en la traílla y le decíamos, no des
ventaja que no la van a tocar eh! El tío todo chulo, la matan seguro
y yo pues bueno. Total que salio, y hay una cuesta muy pronunciada
donde siempre se solía ir, pues allá fue en línea recta, el señor se
quedo perplejo, ni se arrimaron ni nada. Sin darla ventaja nosotros
hacíamos algo, pero con ventaja era casi imposible.
Con esto quiero decir que casi todos los cotos tienen buenas
liebres, pero hay que saber q se tienen buenos perros y no
fanfarronear de lo q no se tiene, hay que ser conformista con los
perros que tienes y saberles llevar.
Fernando Cachorro Llorentef |
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Era
a finales de la temporada, creo recordar en el 2003, y como en el
coto de
nuestro pueblo (Carrión de los Condes, al norte de Palencia) no hay
muchas
liebres nos fuimos a cazar a Toledo (un coto cerca de Torrijos).
Pues el
sabado a la tarde, montamos 6 de nuestra cuadrilla en el todoterreno
de Remi,
7-8 galgos en el carro, y camino a Toledo, donde un buen amigo nos
ofrece
alojamiento todos los años. El camino entorno a 400-450 km todo eran
galgos
buenos y liebres mejores, como siempre.... después de un viaje tan
largo por
fin llegamos al destino, una buena cena, una copa y a casa a dormir.
Por la
mañana pronto, los galgos nerviosos... los dueños más... salimos
camino del
cazadero. Por fin empieza la mano, somos 7 de nuestra cuadrilla (se
une
batallas que viene desde Ávila) y Chema (el mayoral del coto), la
primera
liebre no se hace esperar.... poco después otra... pero esta jornada
de caza
discurría como cualquier otra, hasta que llegada la hora de comer
(batallas
nos invitaba a un lechazo) vamos hacia el todoterreno y Remi dice a
Pichel,
tírame las llaves del coche, a lo cual este responde ya te las
di.... que
no... que sí... vamos a buscarla donde ha salido la última
liebre.... pero
como era de esperar nada.... llama a la grua.... mientras tanto
seguimos
corriendo liebres... por fin llega la grua... mientras la grúa carga
el
todoterreno nosotros tirándanos fotos con las liebres y galgos
ajenos a
todo.... finalmente nos tocó volvernos a Carrión en un taxi con bola
para el
carro... sin embargo como habíamos visto unas buenas carreras y los
perros
habían cumplido, en el taxi eran todo risas y comentarios sobre las
carreras... creo que el único que no entendía como podíamos estar
riéndonos
era el taxista... pero como sabe cualquier galguero una buena
jornada de
galgos hace olvidar cualquier percance.
Jorge
Martín García
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